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Se busca proyecto europeo

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Eugenio Hernández. @ebarcala
Las grietas en el edificio europeo, lejos de repararse con el anuncio de mayores poderes para el parlamento, se han hecho más profundas tras la sacudida electoral del 25M. Los ciudadanos del continente han castigado de forma rotunda el austericidio económico y la falta de un verdadero debate político en Europa, cuyas instituciones han estado mucho más atentas a las peticiones de los mercados que al vertiginoso aumento de las desigualdades.

El castigo tiene su primera evidencia en la abstención. El 43,5 por ciento de los lectores se quedó en casa, pese a que Luxemburgo o Bélgica suben algo la media al ser allí el voto obligatorio. Resulta significativo el desinterés por Europa en los países del Este, algunos recién incorporados a la Unión. Polonia, Lituania, Hungría, Croacia o Eslovaquia han marcado mínimos históricos de participación con casos, como el de la República Checa, donde la abstención alcanza el 80,5 por ciento. Es imprescindible que las instituciones tomen nota de esas cifras en lugar de considerarlas aceptables, porque su base se tambalea si no se asienta sobre la legitimidad democrática.

“Estupor y temblores”
Y la abstención no es la más grave de las noticias. La frustración, la desconfianza y la rabia se han canalizado a través de formaciones que exigen un giro político hacia mayor democracia y participación, pero también han aparecido negras alternativas populistas que resucitan los peores fantasmas de nuestra historia reciente.

La amenaza de irrupción de formaciones de extrema derecha en Dinamarca, Alemania, Austria o Grecia se ha querido despachar como un sarampión sin importancia. Pero, como reza el título de la obra de Amélie Nothomb, esa primera sensación se ha convertido en estupor al ver al Frente Nacional convertido en la primera fuerza electoral en Francia. Y más que temblores, ha desatado un autentico terremoto político, provocando la intervención inmediata del primer ministro Valls para solicitar una respuesta firme del frente republicano. Un paisaje similar deja la jornada en Gran Bretaña, con el eurófobo UKIP como partido más votado en las islas, mientras Alemania despierta con un neonazi con acta de diputado.

“Bipartidismo en crisis”
Otra grieta se abre en el bipartidismo. Conservadores y socialdemócratas suman aún el 53 por ciento del voto, pero se antoja un error la tentación de mantenerse en el búnker a toda costa. La política actual, basada en una coalición de hecho (ambos grupos han votado unidos en el parlamento en más del 70 por ciento de las ocasiones), ha derivado en la ausencia del debate ideológico entre ambos que reclaman los ciudadanos. La erosión de ese modelo que supuestamente aseguraba la estabilidad es evidente, ya que ambos se dejan un importante número de escaños en estos comicios.

Por último, frente a quienes ofrecen la misma receta o quienes apelan al miedo y la xenofobia, la elecciones muestran el crecimiento de una alternativa progresista, encabezada por los países del sur (Grecia, Italia y España) que no se resigna ni a asumir los dictados de la troika ni a encerrarse en el egoísmo de los Estados-Nación. Su desafío será articular esa respuesta y señalar nuevos caminos posibles para una Europa en horas bajas.

Publicado en Nueva Tribuna


No a la burla electoral

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Miguel Ángel Benedicto y Eugenio Hernández*.
Llevamos meses oyendo que estas elecciones europeas son distintas e incluso revolucionarias. Que por primera vez tenemos rostros políticos europeos a los que podemos votar en función de unas siglas. Los propios candidatos han afirmado que el futuro presidente de la Comisión Europea será uno de ellos. Hasta les hemos visto hacer campaña en diferentes países europeos y, por primera vez, ha habido debates entre los 5 líderes de los grandes partidos paneuropeos que se han televisado en los 28 Estados miembros.

Sin embargo, en España nuestros candidatos no han tocado los desafíos a los que se enfrenta Europa en los mítines electorales y la abstención, según las encuestas, supera el 50% del electorado.

Para más inri, durante los últimos días no deja de lanzarse el mensaje, incluso lo ha hecho el propio presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, de que los 28 jefes de Estado y de gobierno podrían elegir como presidente de la Comisión a un candidato alternativo a los 5 aspirantes. Los rumores apuntan a que la canciller alemana Angela Merkel se decantaría por la directora general del FMI, Christine Largarde, o por el primer ministro finlandés Katainen o el irlandés Kenny. En cambio, si los socialistas fueran la fuerza más votada se desliza el nombre de la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt.

Como parece que ninguna de las grandes fuerzas europeas, populares y socialistas, va a lograr la mayoría absoluta en solitario e incluso es casi imposible que la alcancen en coaliciones con los liberales, verdes o con la Izquierda Unitaria; el gobierno europeo más probable será la gran coalición. El tratado de Lisboa estipula que el presidente de la Comisión debe ser elegido por los 28 líderes de la UE por mayoría cualificada “teniendo en cuenta” el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo. Esto significa que el Consejo Europeo podría optar por un tapado. Pero las expectativas de los 5 candidatos han ido creciendo conforme nos acercábamos a la fecha de los comicios y la legitimidad democrática europea se vería seriamente dañada si el próximo presidente del ejecutivo comunitario no es uno de ellos.

Si el Consejo impone su autoridad sobre la voluntad de la ciudadanía, la desafección de la ciudadanía por la política europea se hará insostenible. Si el Parlamento Europeo quiere ser la institución más democrática de la Unión Europea deberá vetar al candidato hasta que no sean propuestos Juncker, Schultz, Verhofstadt, Keller o Tsipras. Los 28 líderes de la UE no deben burlar la voluntad de los europeos.

*Coordinadores de “Europa 3.0. 90 miradas desde España a la Unión Europea” (Plaza y Valdés)

Leer más:  No a la burla electoral – La Razón digital  http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/6456308/internacional/no-a-la-burla-electoral#Ttt1YaQl9IEnQXR6


Elecciones UE: el títere trilero

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Eugenio Hernández
A una semana de la cita con las urnas, Van Rompuy, que ostenta (como casi todo el mundo ignora) la presidencia del Consejo Europeo, ha utilizado el tirón mediático que le otorga un puesto de nula legitimidad democrática para arremeter contra el espíritu de un proceso electoral que esta vez iba a ser “diferente”. 

Preguntado por el desenlace, el portavoz de los ejecutivos nacionales ha hecho referencia a la calculada ambigüedad de la redacción del Tratado de Lisboa. Dice Van Rompuy que “esperemos a ver primero cuáles son los resultados de las elecciones y el reparto de fuerzas entre los diferentes partidos” porque “es necesaria (para ser elegido) una mayoría en el Parlamento Europeo y una amplia mayoría en el Consejo” tal y como estipula el Tratado. Y no contento con ello, anuncia una “cena” el 27 de mayo con los líderes europeos para tratar el asunto sugiriendo que el próximo presidente de la Comisión Europea “podría no estar entre los candidatos presentados por los principales partidos políticos”. Todo muy transparente.

¿Dónde está la bolita?
Sabiendo que su figura representa poco más que la de un títere útil en manos de los verdaderos guionistas de la obra, la entrada en campaña de Van Rompuy suena a globo sonda del Consejo. Por lo que no está de más exigir que los candidatos de las distintas formaciones en el Parlamento Europeo e, incluso, los candidatos nacionales, dieran un paso al frente para denunciar el atropello.

Porque supone un atropello la mera insinuación de que, tras citarnos a las urnas, la presidencia de la Comisión podría resolverse como en el juego del trile: la bolita no está en el vaso de Juncker ni en el de Schulz, si no en la copa del brindis final en la cena del Consejo. El runrún en Bruselas desvela incluso nombres de posibles candidatos alternativos, como el de la directora del FMI, Christine Lagarde.

Todo puede quedar en una boutade del presidente por accidente. Pero su entrada paquidérmica en la frágil democracia transnacional allana el camino a escenarios hasta ahora no debatidos en campaña, como la posibilidad de un acuerdo “Grosse Koalition” entre socialdemócratas y populares para cumplir con el requisito legal de la obtención de una amplia mayoría en el hemiciclo y en el Consejo. Una opción que salvaría la cara – o justificaría, al menos –  la renuncia de sus candidatos a la presidencia de la Comisión en aras del consenso.

Sea cual fuere su intención, el daño ya está hecho: la suficiencia con la que se ha expresado Van Rompuy al respecto otorga razones a esa mayoría silenciosa – y creciente cita tras cita – que no acudirá a votar; dará alas a quienes engrosan las filas del euroescepticismo y llenará de razones a quienes buscan en los partidos minoritarios y sin opción a tocar poder una alternativa regeneradora para una Europa supeditada a los dictados de los países más poderosos del continente. Claro que quizás es precisamente eso lo que busca el flamenco.


Cumbre UE-EEUU: Vuelve el matrimonio transtlántico

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Miguel Ángel Benedicto @benedictosolson

Después de que Obama dejase de lado a Europa para poner su mirada en Asia, la crisis de Ucrania ha devuelto la “felicidad” al antaño matrimonio de éxito transatlántico. Llegó la hora de que Europa piense en aumentar su gasto militar para afrontar el desafío estratégico ruso y junto a los EEUU crear una mayor disuasión y contención frente al expansionismo de Moscú. La OTAN podría rejuvenecer ante este reto. Y Bruselas tendrá que coordinar mejor su política exterior y poner en marcha una política energética común.

Leer análisis en:  Instituto de Estudios Estratégicos

 


Rostros, caras y máscaras para unas elecciones diferentes

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Eugenio Hernández @ebarcala
Estamos invitados a la fiesta de la democracia, como llaman los periodistas cursis a lo de ir a votar. Pero hay quien anda con la papeleta detrás de la oreja, por si esta vez tampoco es diferente y la celebración muda al final en baile de máscaras.

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Diferente, nos dicen, porque por primera vez  “los partidos políticos europeos eligen a sus candidatos al cargo de Presidente de la Comisión”. Sin embargo, seguirá siendo el presidente del Consejo quien “consulte con el Parlamento Europeo sobre un posible candidato” para que, a continuación, “el Consejo Europeo decida qué candidato propone” y el parlamento sancione la propuesta.

¿Habrá correspondencia entre la voluntad popular y la interpretación que haga de ella un órgano colegiado?¿Se propondrá al candidato de la lista más votada? ¿Y si hay otro capaz de obtener una mayoría más amplia? Las respuestas han de satisfacer las expectativas creadas o podrían dejar un regusto amargo, un sabor a decepción con toques de déficit democrático.

 

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Juncker, Schultz, Tsipras, Verhofstadt y el tándem Bové-Keller ya están bastante eclipsados por los rostros de los candidatos nacionales que poblarán vallas y pasquines. Si además resultaran ser meros reclamos electorales sin posibilidad real de disputar el cargo se acabaría con la poca legitimidad de que gozan ahora las instituciones comunes.

La ausencia de listas transnacionales con mandato para designar los órganos de gobierno de Europa desvirtúa la democracia y alimenta las sospechas. Si los avances anunciados quedan en papel mojado, se estará escamoteando una verdadera contienda de propuestas y programas entre opciones ideológicas distintas.

Porque el nuevo presidente debe ser el rostro visible de la voluntad del parlamento, única institución elegida de forma directa.  Y no, como el misterioso protagonista de V de Vendetta, un agente externo socavando sus cimientos que decía de si mismo: “Hay un rostro bajo esta máscara, pero no soy yo”.


Comunicar Europa: un reto

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La intervención del prestigioso periodista Rafa Panadero (Cadena Ser, jefe de internacional, reciente premio Salvador de Madariaga) en unas jornadas sobre comunicación celebradas esta semana en la Universidad Europea de Madrid es un perfecto pretexto para recoger algunas de las ideas que su estilo apresurado pero certero dejó desperdigadas en la sala. Fueron pocos minutos, pero de contenido muy aleccionador.

EMISOR, MENSAJE, RECEPTOR
Esta clásica división de componentes de la teoría de la comunicación sirvió a Panadero de armazón para analizar hasta qué punto es desafiante comunicar Europa a los europeos en este momento.

Para poner a prueba a los presentes, Rafa planteó unas preguntas tan «complejas» como ¿cuántos saben en esta sala cuántos eurodiputados van a ser elegidos el próximo mes de mayo? ¿quién conoce la diferencia entre una directiva y un reglamento? y alguna más, de ese nivel de dificultad. Por supuesto, las manos de la aplastante mayoría se quedaron tan pegadas al smartphone como una almohadilla al resto de un hashtag, como si poner un tuit fuera la mejor forma de disimular la ignorancia en ese momento de tensión.

Como EMISOR nos sirven por igual el periodista, el político o el funcionario, entre todos la mataron y ella sola se murió, añado yo.

«Es que no transmitís todo el trabajo que hacemos», se lamentaba Panadero que le reprochaban los europarlamentarios. A continuación, él mismo se respondía-preguntaba-justificaba «a ver si va a ser que no nos interesa, o no vende, la información de Europa, prueba de ello, ¿por qué cuando se hace la rueda de prensa tras un Consejo Europeo, solo se nos ocurre preguntar por asuntos nacionales? o ¿por qué se despidió Barroso hace pocos días, después el último debate sobre el estado de la Unión, y no hubo ni un solo medio transmitiéndolo en directo, pero sí se interrumpe cualquier programación para transmitir el sorteo de cuartos de la Champion… o los debates Obama-McCain?»

Obviamente, en las redacciones de los medios nacionales, es más difícil vender una reseña euroinformativa que cualquier asunto de calado nacional o local. Lo que llega de Bruselas no tiene, ni de lejos, el mismo gancho.

Reconocía el jefe de internacional de la Ser que, a veces, el argot de los pasillos comunitarios complica el reto aún más, la jerga no ayuda a comunicar Europa, al menos, mientras no hayamos adquirido el hábito de hablar de ello con más naturalidad y con sinceras ganas de transmitir. Por supuesto, hay excepciones, y ya algunos periodistas lo van consiguiendo.

Los políticos también se llevaron su ración. Por un lado, los hay que prefieren apuntarse a lo de «aquí estoy muy cómodo, no me pregunten por las cosas, no hagan ruido, no me molesten en Europa» y, por otro, hay quienes se resisten a explicar lo que se pergeña en el PE porque temen reconocer abiertamente la espinosa cuestión de la «pérdida creciente de soberanía real de mi gobierno o mi país» que se produce a medida que avanza el proyecto europeo.

Por último, hay incluso quien lamenta el poco presupuesto de la Unión para tareas de comunicación, algo que ha cambiado de manera espectacular, a juicio de Panadero.

Con relación al MENSAJE, segunda pata de este trípode clásico que sostiene la comunicación, lo primero que puede decirse es que Europa no es nada «sexy», con todos los tecnicismos y palabros que se gastan. La tarea del comunicador sería clara: traducirlos al román paladín, es decir, al lenguaje cotidiano o nítido del RECEPTOR.

Lo malo es cuando no solo es un problema técnico o de vocabulario, sino de falta de interés consciente para que el mensaje llegue intacto o sin desvirtuar al final de la cadena. Esto es lo que viene ocurriendo con la mala costumbre adoptada por unos y otros de acusar a Europa de todo lo malo que nos pasa. La consecuencia nociva ante las elecciones sería encontrarnos con el cambio de actitud de la ciudadanía, que podría pasar de no ir a votar por desinterés a abtenerse por rechazo de las instituciones, y eso tendríamos que hacérnoslo ver con urgencia, pues solo quedan dos meses para la próxima convocatoria. «Poco nos quejábamos cuando recibíamos fondos para hacer carreteras», afirmaba el periodista.

Tópicos como el «cementerio de elefantes», «la que manda es Merkel» o «la Comisión es un mastodonte» ya no son tan ciertos —esta última tiene menos funcionarios que el Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo.

Es obvio que si el RECEPTOR no se entera o no quiere enterarse, de nada servirá que cuidemos el MENSAJE y el EMISOR. Es muy importante que el público tenga interés en lo que llega de Bruselas, y reivindique esas ganas de saber, para que los medios, a su vez, destinen secciones y recursos a contarlo.

No ayuda mucho que los partidos políticos se centren en debatir sobre aspectos nacionales, incluso en las campañas europeas, y eso también deberá cambiar.

El desafío de comunicar Europa sigue ahí, con toda su vigencia, pero las herramientas cada vez son mejores, y no podemos desaprovecharlas. La ausencia de medios puramente europeístas se va cubriendo con iniciativas menos tradicionales que los españoles nativos europeos (nacidos en la UE) ya impulsan desde las redes sociales, foros y blogs europeístas. Las instituciones no pueden dejar de respaldar estos esfuerzos más o menos voluntaristas con campañas oficiales, de enfoque a más largo plazo, o desde la escuela, con asignaturas, seminarios o ciclos formativos sobre el europeísmo.

Finalmente, siempre queda confiar en que el hábito haga su parte del trabajo. Si conseguimos que no se pierda el interés, al final hablaremos de Europa tan espontáneamente como ahora hablamos sobre el fútbol, la corrupción o la política nacional.

Antonio de Torre | Traductor y comunicador


Cumbre UE-EEUU: la primera visita de Obama a Bruselas

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Por Miguel Ángel Benedicto

La Cumbre entre la UE y EEUU debe servir para profundizar en los valores transatlánticos. La crisis de
Ucrania estará sobre la mesa y tanto la UE como EUUU deben actuar sin divisiones y con
convencimiento. Organizaciones como la OTAN deberían servir de nexo de unión para afrontar los
retos de la crisis ucraniana. La UE tiene que unificar su política exterior y también la energética para
evitar la dependencia rusa. El acuerdo de comercio transatlántico, que está en la agenda de la
cumbre, servirá para fomentar alternativas energéticas con una mayor solidaridad entre las dos
orillas. El caso Snowden y la protección de datos personales pueden obstaculizar las negociaciones.
Las cartas del programa nuclear de Irán, la guerra de Siria o la inestabilidad de Egipto estarán sobre el
tapete con una Rusia dispuesta a jugar fuerte.

Seguir leyendo análisis en: Instituto de Estudios Estratégicos.


Crimea, una explicación de un crisis larvada

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Por Ricardo Angoso

Cuando el 18 de febrero de 2008 las grandes potencias del mundo, lideradas por los Estados Unidos, reconocieron la independencia de Kosovo eran conscientes de que estaban abriendo la Caja de Pandora para que otros procesos similares se produjeran en otras partes del mundo. Y para que las fronteras de Europa se rompiesen tras décadas de consenso en el asunto de la necesidad de preservar los Estados surgidos tras el final de la Guerra Fría e incluso antes. ¿Por qué Serbia se podía cercenar y Ucrania, sin embargo, no?

Los casos de Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia y Montenegro eran distintos, claro está, ya que eran repúblicas soberanas -teóricamente- dentro de Yugoslavia y, además, la Constitución yugoslava de 1974 reconocía el derecho a la autodeterminación de estos territorios en su título preliminar. Pero Kosovo no era un república dentro de Yugoslavia, sino una región de Serbia y como tal era parte irrenunciable ligada históricamente y sin derecho a la autodeterminación dentro de esta república soberana.
El gobierno de Belgrado entregó este territorio, en 1999, a una misión de las Naciones Unidas que tenía una fuerza militar, la KFOR, cuya principal misión era garantizar la seguridad de todos sus habitantes -serbios y albaneses- y una transición pacífica a la democracia. También preservar la integridad territorial de Serbia. Ninguno de esos objetivos se cumplió y el acuerdo acabó degenerando, en contra lo firmado inicialmente, en un proceso  de secesión fomentado por las grandes potencias de una forma irresponsable y alimentando el odio multiétnico en la región.
Colateralmente a este proceso generado por las fuerzas que supuestamente tenían que haber contribuido a la estabilidad de la región, los albanokosovares, que se sentían victoriosos tras la salida de los serbios de Kosovo, proclamaron la independencia y el resto de lo ocurrido es ya de sobra conocido. Todos los Estados occidentales -menos España, Eslovaquia, Grecia y Rumania- reconocieron a la nueva entidad separatista y mandaron a sus embajadores a la hedionda capital de Kosovo, Pristina. Los eslavos, entre ellos los rusos, se sintieron heridos por esta puñalada trapera y Serbia, en aras de poder un día incorporarse a la Unión Europea (UE), tuvo que aceptar el chantaje impuesto por las grandes potencias y dar por perdido un territorio histórico que, paradójicamente, era la cuna del pueblo serbio.
Serbia perdía el Kosovo, los serbios eran expulsados, asesinados o, en el mejor de los casos, condenados a una apartheid impuesto por el nuevo orden internacional tejido a sangre y fuego. Nadie movió un dedo por los serbios, los europeos aceptaron el nuevo “diseño” regional impuesto por Washington y ya quedó claro que en los Balcanes las fronteras no tenían ningún valor. Tras Kosovo, entonces, todo valía. Quizá Macedonia sea después de Serbia la siguiente en la lista a sacrificar, en aras de saciar al insaciable aliado de Washington en la región: Albania.
RUSIA PASA AL CONTRAATAQUE
Rusia aprendió rápido la lección. Y unos meses después de semejante despropósito, Georgia se vio desbordada por una guerra que Rusia ganó en pocos días y en que casi estuvo a punto de ocupar hasta la capital georgiana, Tiflis. La causa del conflicto eran las dos “repúblicas” segregadas en Georgia que Rusia apoya, Osetia del Sur y Abjasia, y que las autoridades georgianas pretendían recuperar por la fuerza. Moscú se implicó en esa guerra, asegurando la supervivencia de ambas entidades donde viven mayoritariamente rusos, y las reconoció diplomáticamente, en un hecho al que después se unieron solamente Nicaragua,Venezuela y Nauru. Georgia perdió la guerra y tuvo que aceptar los resultados de la misma: la segregación casi definitiva de estas dos “repúblicas”. Ni el apoyo político ni diplomático de los Estados Unidos y la UE frenaron las ansias “imperiales” de Moscú y al día de hoy dicha situación se mantiene.
La misma situación ocurre en Moldavia, donde las tropas rusas del antiguo XIV ejército soviético se atrincheraron tras el río Niéster y formaron la República de Transnistria, donde vive la minoría rusa de la región que no acepta someterse al gobierno de Chisinau, de mayoría rumana. Estos tres precedentes no tendrían ningún justificación política ni sujeta al derecho internacional si no hubiera existido antes el ominoso capítulo de Kosovo. Si bien es cierto que la secesión de la República de Transnistria ocurrió en el año 1990, cuando proclamó oficialmente y unilateralmente su independencia, ahora la legitimidad de las demandas de la comunidad internacional para que los rusos se retiren de esas entidades queda en entredicho. ¿Por qué Rusia tiene que ceder y la OTAN, que ocupó Kosovo, no?
Y ahora ocurre la vertiginosa y casi ininteligible crisis de Crimea, un territorio ligado históricamente a Rusia y sede de la Flota del Mar Negro de la Armada Rusa, donde se estableció en 1783 y que después, tras la Revolución comunista de 1917, pasó a ser de apellido soviético. En Crimea, la mayoría de la población es rusa (60%), aunque hay unas pequeñas minorías tártara (12%) y ucraniana (24%) junto a un crisol de otras comunidades muy débiles en términos demográficos. Tiene una extensión de 27.000 kilómetros cuadrados y una situación estratégica para los rusos fundamental, siendo la salida natural de Rusia al mar Negro.
CASCADA DE ACONTECIMIENTOS QUE FAVORECIERON A MOSCÚ
Los precipitados acontecimientos políticos de Ucrania, que provocaron la llegada al ejecutivo de Kiev de una coalición de partidos de extrema derecha y algunos casi de corte fascista, causaron la irritación de Moscú y enojo en Crimea, donde su asamblea parlamentaria tomó la delantera y convocó un referéndum secesionista. Como era de prever, los habitantes de esta península se manifestaron masivamente por la separación de Ucrania y la anexión a Rusia. Kiev observaba con impotencia y asombro la separación de Crimea, mientras la preocupación se extendía a todo el país ante la previsión de que las provincias del este de mayoría rusa optasen por la misma vía para separarse de Ucrania, un escenario que no debe descartarse todavía y que agravaría aun más la crisis.
Así las cosas, ¿cómo puede evolucionar este conflicto en las próximas semanas? Por mucho que ahora se empeñen en exhibir las sanciones internacionales contra Rusia, los líderes occidentales no tienen la legitimidad moral, ni política, ni ética, para exigirle a Putin que ahora se retire de esos territorios que Moscú se anexionó. Luego están los vínculos económicos. A nadie le interesa romper los lazos económicos con Rusia y menos cuando la mitad de Europa, incluida Ucrania, depende del gas ruso.
La crisis pasará, europeos y norteamericanos no moverán un dedo y Crimea caerá en la larga lista de conflictos olvidados destinados a la consumada amnesia internacional con respecto a los problemas que no interesan a nadie. Ucrania ha perdido Crimea como perdió una larga veintena de años en que tendría que haber definido su identidad política y militar. Si sus líderes hubieran hecho lo que los polacos, que apostaron claramente desde los inicios de su transición por la entrada en la UE y la OTAN, ahora Ucrania no estaría en tan adversa situación.
Pero, como señalaba el general Douglas MacArthur, “La historia de los fracasos en las guerras se resume en dos palabras…demasiado tarde”. Sin legitimidad internacional para recuperar el territorio, enfrascada en una grave crisis interna y sin posibilidad de iniciar una guerra contra Rusia que perdería, los ucranianos comprendieron demasiado tarde el letal peligro que les acechaba por parte de un enemigo que esperó una oportunidad puesta en bandeja para recuperar una parte de su territorio que siempre consideraron como suya. Los rusos nunca aceptaron que Crimea pasara a manos ucranianas en un lejano 1954, debido a la arbitraria decisión de un secretario general comunista, bajito y rechoncho, llamado Nikita Jrushchov. Pero esa ya es otra historia.

¿Alternativas al gas ruso? No, a corto plazo

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La UE ha vuelto a sancionar a Rusia. Pero la verdadera sanción para Moscú sería que los 28 dejaran de importar su gas.

Problema: muchos países dependen del gas ruso: Finlandia  importa el 100% de su gas de Rusia, Eslovaquia (93%), Polonia (83%), Hungría (82%) y Grecia (80%).

Soluciones: primera; que EE UU se convirtiera en suministrador de gas fracking a Europa. Pero como ha contado Angela Merkerl no hay una infraestructura de regasificadoras. Segunda, mejorar la interconexión de los gasoductos entre España y Portugal y el resto de países de la UE.

Ninguna de las dos se puede aplicar a corto plazo. Lo que está claro es que hay soluciones y la UE debe apostar por ellas para evitar el chantaje ruso.


Ucrania: Guía urgente de geopolítica para perplejos

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Eugenio Hernández @ebarcala
Quizá seas una de esas (pocas) personas sin opinión formada sobre los acontecimientos desatados en Ucrania en las últimas semanas. Y ciertamente se han dado casos (pocos) de ciudadanos que manifiestan perplejidad o dudas a la hora de decantarse por una u otra visión del conflicto. Si te ves reflejado, ésta es tu guía geopolítica definitiva.

El background
En primer lugar, resulta conveniente tener cierta información previa. Por ejemplo, sobre dónde carajo está Ucrania. Sin embargo, no te apures. Como puedes ver, tampoco es absolutamente imprescindible:

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Una vez ubicados y con cierta información básica, estarías tentado a pensar que profundizar en la Historia, las causas, los intereses de los distintos actores o nimiedades similares te llevará a formarte una opinión fundamentada. Falso.

El funcionamiento es justo el inverso. Se trata de que tomes partido (por los tuyos, por los otros, por ninguno…) y de que recibas o hagas acopio de una serie de principios básicos (no te preocupes, podrás cambiarlos más adelante) que permitan, al menos en apariencia, dar la sensación de que sostienes esa postura por motivos razonados y no por intereses espurios.

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¿Has elegido ya? Como en los grandes trucos de magia, estás a tiempo de elegir otra carta. Lo normal es que la elección coincida con la opinión mayoritaria en el lugar de expedición de tu partida de nacimiento, pero no es obligatorio. ¿No cambias? Pues seguimos.

Occidente über alles
Si optas por la puerta numero 1 (con las palabras Europa, USA, OTAN en el dintel) el principio moral básico es que apoyamos la libertad de los ucranianos para integrarse entre los países democráticos. Establecido eso, Europa legitima el derribo de un gobierno de oligarcas y su sustitución por uno nuevo y democrático. Aplaudiremos y apoyaremos la puesta en marcha de inmediatas medidas económicas que salven a Ucrania de la bancarrota.

Los argumentos: Si se critica la presencia neonazi en las protestas, su papel en irrelevante. Si se apunta a la coacción de los manifestantes contra un gobierno elegido por las urnas, el pueblo habla por Maidan. Si Putin envía soldados a Crimea, es un autócrata imperialista, nostálgico de la URSS y la guerra fría, que marginará a las minorías ucrania y tártara y nos pondrá a todos en el disparadero de una devastadora guerra mundial. Por no hablar del respeto a las fronteras nacionales.

La madrecita rusa
Elegir esta puerta es (al menos, estadísticamente) más raro. Pero aplicando el principio de que “el enemigo de mi enemiga la OTAN es mi amigo” puede recabar apoyos. Aquí los principios fundamentales serían el de no injerencia y el respeto al statu quo internacional. Las protestas en Kiev fueron un golpe contra un gobierno elegido democráticamente, alentado por el fascismo y el expansionismo de la OTAN. Europa ha roto con su actitud agresiva el acuerdo tácito alcanzado tras la caída del Muro y quiebra también el acuerdo sobre un gobierno de concentración nacional.

En el argumentario, algunas balas (dialécticas) y toda la flota del Mar Negro:  No existe invasión en Crimea, porque hay un acuerdo previo que permite el envío de 25.000 soldados para reforzar las bases rusas en ese territorio. Y el posterior referéndum es un modo de dar voz a un pueblo acosado, como demuestra el resultado con un índice de participación que ya quisiera cualquier comicio en la UE.


No sabe / no contesta
La tercera puerta sirve para un roto y para un descosido. Aquí el principio fundamental es que “el asunto es muy complejo como para posicionarse”. Permite mantener una cierta distancia con todos los actores de la trama señalando sus contradicciones: Putin defendiendo la democracia en Crimea, la UE contra la división del país pese a precedentes como Kosovo, Osetia o Abjasia, los Estados Unidos metiendo el dedo en el ojo ruso… Y todo ello adobado de minorías  decisivas en el desenlace y agravios históricos que vuelven de sus tumbas.

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¿Qué decir de la tercera vía? Pues que no es muy popular, ya que te hace parecer un poco flojeras, pero tiene sus defensores. China, por ejemplo, se ha apuntado a esta tesis. Porque si malo es para ellos que la OTAN adelante sus fronteras o se fomenten rebeliones democráticas, no menos malo es dar barra libre a procesos de independencia y autodeterminación de minorías. Y, ademas, a quién le importa un conflicto tan lejano e incomprensible….

Cuestión de principios
El caso es que, con estos mimbres, ya tienes soporte teórico para tu elección. Piensa que ahora no será necesario separar datos de propaganda. Ni siquiera comprar el periódico: viendo cada cabecera podrás imaginarte lo que los analistas cuentan en el interior. Por poner un ejemplo, los diarios occidentales mostrarán pacíficos manifestantes deseosos de democracia y libre comercio.

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Los medios rusos calificarán a Merkel de puta por venderse a los Estados Unidos después de beneficiarse de un oleoducto directo entre Rusia y Alemania y haber negado sanciones económicas.

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El devenir de las premisas no está exento de problemas. Seguir a rajatabla el hilo de la lógica argumental puede favorecer extraños compañeros de cama. Así, vemos a Cameron coincidiendo con sus socios europeos y a Putin defendiendo a minorías  sociales. Pero son consecuencias menores y – en caso necesario – evitables gracias a  la geopolítica perpleja porque, como dijo Marx (ojo, Groucho Marx): “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”.