Rusia recompone su viejo imperio desde Ucrania hasta el Cáucaso

Por Ricardo Angoso
La reciente crisis de Ucrania, con sus consiguientes resultados de la anexión de Crimea por Rusia y la creación de una zona en la frontera ruso-ucraniana controlada por unas milicias profusas que no ocultan sus deseos secesionistas, ha vuelto a poner sobre la mesa el proyecto imperial ruso del presidente Vladimir Putin. Pero más allá de la actualidad de la crisis en Ucrania, está la idea nunca ocultada de reconstruir lo que fue la esfera de intereses geopolíticos de Rusia en la región y amparar una suerte de versión renovada del antiguo imperio ruso o lo que fue la extinta Unión Soviética.
Las lógicas políticas y militares del pasado perviven todavía en esta parte del mundo y se detectan las mismas áreas de influencia que en el pasado. Ni la OTAN, ni siquiera la Unión Europea (UE), pueden intentar suplantar los lazos históricos, políticos e incluso económicos que tienen los antiguos países de la antigua URSS con Rusia. El Cáucaso, Ucrania, Bielorrusia, Asia Central e incluso Moldavia, por no citar otras zonas del lejano Oriente, como Mongolia, tienen vínculos que se remiten a tiempos pretéritos e incluso afinidades culturales que van más allá de otras razones. En esta parte del mundo, los derechos humanos y las ideas democráticas, como hemos visto tras el colapso del mundo comunista, tienen un valor relativo y no son fundamentales a la hora de establecer relaciones políticas entre los Estados.
Por ejemplo, en el Cáucaso se mantiene viva la alianza natural entre Rusia y Armenia, que siempre estuvo en el ojo de Ankara, y también la estrecha amistad por razones culturales entre Azerbayán y Turquía. En el conflicto que vivieron ambas naciones, por controlar el “Estado” tapón de Nagorno Karabaj, Turquía apoyó a Azerbayán, que fue claramente derrotada por las fuerzas armenias, mientras que Rusia no ocultó su deseo de una victoria militar de Armenia enviando armas y pertrechos militares. Y se impuso el aliado de Moscú, mientras que los amigos de los turcos -los azeríes- perdieron de una forma humillante la guerra frente a los armenios.
REGRESAN LAS TESIS DE LA SOBERANÍA LIMITADA
Por ejemplo, la irresponsable actitud de Georgia por desafiar a Rusia en la guerra de 2008 al intentar arrebatar por la fuerza Osetia del Sur significó hasta donde estaban las líneas rojas para Moscú, es decir, hasta donde estaba dispuesto el gigante ruso en transigir y aceptar las nuevas realidades sobre el terreno, como lo era la ex república soviética que los dirigentes rusos consideran que tenía una soberanía tuteada. Precisamente esa tesis, en la misma medida en que los países del Este y los que estaban bajo la órbita soviética tenían autonomía y no la independencia de la que se creían merecedores, es la que sigue prevaleciendo.
La llamada Doctrina Brézhnev, o de la soberanía limitada, era una tesis política que fue expuesta por el máximo líder soviético, al que debe su nombre, allá por el año 1968: “Cuando hay fuerzas que son hostiles al socialismo y tratan de cambiar el desarrollo de algún país socialista hacia el capitalismo, se convierten no sólo en un problema del país concerniente, sino un problema común que concierne a todos los países comunistas”.
Las tesis fueron aplicadas de una forma práctica, incluso antes de ser expuestas, en la invasión a Hungría en el año 1956, que acabó con la ejecución del máximo líder húngaro Imre Nagy, y con posterioridad en la brutal ocupación de Praga, en 1968, por los tanques soviéticos para acabar con el proceso de apertura comenzado por la cúpula comunista de aquel entonces en Checoslovaquia.
Luego, tras el final de la Unión Soviética, Rusia se vio en la “obligación” de apoyar a aquellas entidades en las que la mayoría de la población pertenecía a la comunidad rusa, tal como ocurría en la lejana y separatista República de Transnistria en Moldavia. En esa entidad, creada en 1991 tras la disolución de la URSS después de una cruenta y corta guerra, el XIV ejército ruso apoyó sin pudor a los separatistas en contra de una Moldavia que anhelaba unirse a su antigua patria: Rumania.
De la misma forma, Rusia se implicó en la crisis de Georgia y apoyó a los separatistas de Osetia del Sur y Abjasia, dos entidades que fueron finalmente reconocidas por el ejecutivo de Moscú tras la corta guerra ya citada del año 2008. Estas dos entidades, que solo fueron reconocidas por Nicaragua y Venezuela y otros Estados minúsculos del Pacífico, constituyen, de facto, territorio ruso y están conectadas -lo que no ocurre con Transnistria- por vía terrestre con la “madre patria” Rusia.
LIDERAZGO RUSO, INCAPACIDAD EUROPEA
La reciente anexión de Crimea y el control creciente que ejerce sobre las zonas aledañas a la frontera ruso-ucraniana, donde no casualmente vive la mayor parte de la población rusa en Ucrania, ponen a las claras los deseos de Rusia por reconstruir lo que fue su antigua zona de influencia. El objetivo final de Moscú en esta crisis parece ser la creación de un gran corredor territorial que una a su frontera en el este con Crimea atravesando Ucrania, lo que socavaría la integridad territorial de este país.
Ucrania está siendo militarmente derrotada por los rebeldes prorrusos apoyados y armados por Moscú. Más de 70 naves aéreas ucranianas han sido derribadas o dañadas seriamente sin que ya puedan ser utilizadas para el combate, 24.000 soldados ucranianos han muerto durante el conflicto o han resultado heridos o detenidos y el reciente alto el fuego con las zonas alzadas en armas, pese a no cumplirse al parecer por ambas partes, responde más a la debilidad de Kiev frente a sus enemigos que al deseo de buscar una paz duradera y justa.
Finalmente, esta crisis ha vuelto a mostrar a las claras que sin Rusia no se pueden resolver los problemas de esta parte del mundo y que Europa, más concretamente la UE, no puede ser un actor de éxito sin contar con Moscú, por mucho que cuente el apoyo de los Estados Unidos y la pertenencia a la OTAN de la mayor parte de los países europeos. Rusia sigue siendo un gran poder militar que cuenta incluso con la siempre efectiva disuasión nuclear, tiene un liderazgo robusto y sólido en estos momentos, a diferencia de los Estados Unidos cuya actitud titubeante la debilita, y  posee la capacidad, pese a que su economía muestra signos de debilitamiento, de mantener un pulso con el mundo occidental sin pestañear.
De nuevo, la figura del líder, en este caso Putin, emerge como capital en los momentos de crisis y la UE muestra a las claras sus carencias: la falta de una auténtica diplomacia y la necesidad de conformar un ejército europeo capaz de hacer frente a los nuevos retos y desafíos en un mundo globalizado cada vez más complejo y donde acechan riesgos inesperados.

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