Ideas y Debate

No a la burla electoral

Miguel Ángel Benedicto y Eugenio Hernández*.
Llevamos meses oyendo que estas elecciones europeas son distintas e incluso revolucionarias. Que por primera vez tenemos rostros políticos europeos a los que podemos votar en función de unas siglas. Los propios candidatos han afirmado que el futuro presidente de la Comisión Europea será uno de ellos. Hasta les hemos visto hacer campaña en diferentes países europeos y, por primera vez, ha habido debates entre los 5 líderes de los grandes partidos paneuropeos que se han televisado en los 28 Estados miembros.

Sin embargo, en España nuestros candidatos no han tocado los desafíos a los que se enfrenta Europa en los mítines electorales y la abstención, según las encuestas, supera el 50% del electorado.

Para más inri, durante los últimos días no deja de lanzarse el mensaje, incluso lo ha hecho el propio presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, de que los 28 jefes de Estado y de gobierno podrían elegir como presidente de la Comisión a un candidato alternativo a los 5 aspirantes. Los rumores apuntan a que la canciller alemana Angela Merkel se decantaría por la directora general del FMI, Christine Largarde, o por el primer ministro finlandés Katainen o el irlandés Kenny. En cambio, si los socialistas fueran la fuerza más votada se desliza el nombre de la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt.

Como parece que ninguna de las grandes fuerzas europeas, populares y socialistas, va a lograr la mayoría absoluta en solitario e incluso es casi imposible que la alcancen en coaliciones con los liberales, verdes o con la Izquierda Unitaria; el gobierno europeo más probable será la gran coalición. El tratado de Lisboa estipula que el presidente de la Comisión debe ser elegido por los 28 líderes de la UE por mayoría cualificada “teniendo en cuenta” el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo. Esto significa que el Consejo Europeo podría optar por un tapado. Pero las expectativas de los 5 candidatos han ido creciendo conforme nos acercábamos a la fecha de los comicios y la legitimidad democrática europea se vería seriamente dañada si el próximo presidente del ejecutivo comunitario no es uno de ellos.

Si el Consejo impone su autoridad sobre la voluntad de la ciudadanía, la desafección de la ciudadanía por la política europea se hará insostenible. Si el Parlamento Europeo quiere ser la institución más democrática de la Unión Europea deberá vetar al candidato hasta que no sean propuestos Juncker, Schultz, Verhofstadt, Keller o Tsipras. Los 28 líderes de la UE no deben burlar la voluntad de los europeos.

*Coordinadores de “Europa 3.0. 90 miradas desde España a la Unión Europea” (Plaza y Valdés)

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