Ideas y Debate

Elecciones UE: el títere trilero

Eugenio Hernández
A una semana de la cita con las urnas, Van Rompuy, que ostenta (como casi todo el mundo ignora) la presidencia del Consejo Europeo, ha utilizado el tirón mediático que le otorga un puesto de nula legitimidad democrática para arremeter contra el espíritu de un proceso electoral que esta vez iba a ser “diferente”. 

Preguntado por el desenlace, el portavoz de los ejecutivos nacionales ha hecho referencia a la calculada ambigüedad de la redacción del Tratado de Lisboa. Dice Van Rompuy que “esperemos a ver primero cuáles son los resultados de las elecciones y el reparto de fuerzas entre los diferentes partidos” porque “es necesaria (para ser elegido) una mayoría en el Parlamento Europeo y una amplia mayoría en el Consejo” tal y como estipula el Tratado. Y no contento con ello, anuncia una “cena” el 27 de mayo con los líderes europeos para tratar el asunto sugiriendo que el próximo presidente de la Comisión Europea “podría no estar entre los candidatos presentados por los principales partidos políticos”. Todo muy transparente.

¿Dónde está la bolita?
Sabiendo que su figura representa poco más que la de un títere útil en manos de los verdaderos guionistas de la obra, la entrada en campaña de Van Rompuy suena a globo sonda del Consejo. Por lo que no está de más exigir que los candidatos de las distintas formaciones en el Parlamento Europeo e, incluso, los candidatos nacionales, dieran un paso al frente para denunciar el atropello.

Porque supone un atropello la mera insinuación de que, tras citarnos a las urnas, la presidencia de la Comisión podría resolverse como en el juego del trile: la bolita no está en el vaso de Juncker ni en el de Schulz, si no en la copa del brindis final en la cena del Consejo. El runrún en Bruselas desvela incluso nombres de posibles candidatos alternativos, como el de la directora del FMI, Christine Lagarde.

Todo puede quedar en una boutade del presidente por accidente. Pero su entrada paquidérmica en la frágil democracia transnacional allana el camino a escenarios hasta ahora no debatidos en campaña, como la posibilidad de un acuerdo “Grosse Koalition” entre socialdemócratas y populares para cumplir con el requisito legal de la obtención de una amplia mayoría en el hemiciclo y en el Consejo. Una opción que salvaría la cara – o justificaría, al menos –  la renuncia de sus candidatos a la presidencia de la Comisión en aras del consenso.

Sea cual fuere su intención, el daño ya está hecho: la suficiencia con la que se ha expresado Van Rompuy al respecto otorga razones a esa mayoría silenciosa – y creciente cita tras cita – que no acudirá a votar; dará alas a quienes engrosan las filas del euroescepticismo y llenará de razones a quienes buscan en los partidos minoritarios y sin opción a tocar poder una alternativa regeneradora para una Europa supeditada a los dictados de los países más poderosos del continente. Claro que quizás es precisamente eso lo que busca el flamenco.